viernes, mayo 27, 2005

La espiral

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La espiral o laberinto (hasta bien entrado el siglo XVII los laberintos eran solo caminos tortuosos con una única entrada y una única salida) pueden considerarse símbolos universales comunes a la inmensa mayoría de las culturas.
Generalmente se trata de un símbolo solar (pueblos preindoeuropeos), aunque para los griegos representaba la gran corriente oceánica.
Las espirales aparecen tembién en los petroglifos gallegos, bretones, gaélicos... e incluso en grabados rupestres del continente americano.



Tal vez en eso se habían fijado los constructores medievales de las catedrales góticas de Chartres, Reims o Amiens, todas ellas dedicadas a Nuestra Señora (Notre Damme), todas ellas dentro de lo que se ha dado en llamar la Constelación de Virgo de las Catedrales...



... y todas ellas con su falso laberinto:




Falso porque, como antes se dijo, sólo tiene una entrada y una salida. Se trata pues de una espiral revestida de laberinto.

Y de todas las espirales del mundo... No hay que olvidar:
El juego de la Oca

jueves, mayo 26, 2005

Jacques de Molay



Supuestamente nacido en el año 1244 en Vitrey, Francia, se sabe poco de su infancia. Entra a formar parte de la Orden de los Caballeros del Temple en 1265, con 21 años (edad límite para ser admitido en la orden). A partir de ahí la carrera de Molay irá en ascenso hasta que, a la muerte del Gran Maestre número Theobald Gaudin en 1292, será nombrado para encabezar la Orden. Mejor militar que político, Jacques de Molay combatió en Tierra Santa y organizó múltiples batidas contra los musulmanes, logrando entrar en Jerusalén en 1898.
Pero el que había de ser el último Gran Maestre de la Orden no supo lavar la imagen que comenzaba a fraguarse sobre sus caballeros. Se les achacaba su orgullo y vicio, censurado hasta por los pontífices romanos, pero su poder era demasiado fuerte y la mayor parte de los reinos de Europa dependían de sus préstamos; no sería tan sencillo eliminar a aquella molesta potencia en auge.
Fue Felipe IV, cuyo reino se encontraba en manos del Temple debido a sus deudas, el que aprovechó la mala fama que los Pobres Caballeros de Cristo se habían ido granjeando, además de la situación decadenente en la que las cruzadas se encontraban, y logró, no sin tiempo y esfuerzo, que el papa Clemente V proclamase una inquisición en su contra.
El rey francés se hizo con algunos testimonios de antiguos miembros de la Orden (expulsados o rechazados) que aseguraban cosas tales como que al ingresar en el Temple sus miembros renegaban de Cristo, pisoteando y escupiendo la cruz; que en compensación de su celibato se les permitía la sodomía, pecado que los maestres absolvían; que adoraban ídolos (concretamente a uno con forma de cabeza: baphomet) y que sus sacerdotes omitían intencionadamente en la misa las palabras de la consagración, etc.

El viernes 13 de octubre de 1307 (a modo de anécdota: este es el motivo por el que los viernes 13 comenzaron a considerarse días de mal agüero), Jacques de Molay, último maestre de la Orden, fue arrestado, al igual que todos los Templarios franceses.
La Orden del Temple fue disuelta en Francia; y en la mayor parte de Europa (donde el proceso contra ellos fue menor debido a que contaron con el apoyo de los monarcas) los caballeros se refugiaron en otras órdenes o bien cambiaron de nombre (como el caso de Portugal, donde pasaron a denominarse la Orden de Cristo).

En medio de la tortura el Gran Maestre se confesó culpable de las acusaciones que se le imputaban a la Orden, y fue finalmente condenado a la hoguera en marzo de 1314. Molay se retractó públicamente durante la ejecución, proclamó la inocencia de la Orden y maldijo a los culpables de la conspiración. En un último acto de soberbia, el Gran Maestre emplazó al rey francés y al mismo papa a encontrarse con él en un año. En efecto, sus dos enemigos perecieron antes de cumplirse dicho período. Y se dice al respecto que, durante la Revolución Francesa, mientras rodaba la cabeza del rey Luis XVI, un espontáneo gritó: "¡Jacques de Molay, ya estás vengado!"

Sea o no cierto todo esto, lo que sí está claro es que Jacques de Molay está hecho del material con que se forjan las leyendas...

miércoles, mayo 25, 2005

El reino de los cielos



No salgo todavía de mi asombro. He leido las muy diversas críticas sobre la película de Ridley Scott y creo que tardaré mucho en recuperarme...
La más impactante, sin duda: "Esta sería la película que firmaría Bin Laden"
Einn??? Seguro que es la misma que he visto yo?
La crítica más acertada, sin embargo, la he leido en el número de mayo de la revista "La Aventura de la Historia", que termina con la frase: "Creo que a veces cubrimos de una inmerecida complejidad las cosas más simples".
Así es, porque "El Reino de los Cielos" no es una película a favor del mundo árabe. Sí, tal vez Saladino aparece como uno de los hombres más brillantes de su tiempo. ¡Pero es que lo fue!
El rigor histórico del film deja bastante que desear, eso no lo discuto; pero, al fin y al cabo, se trata sencillamente de unha historia de aventuras tópica y típica, sin mayores pretensiones y basada, a muy grandes rasgos, en un hecho histórico.
No obstante, eso no es lo que más importa ya que, al menos desde mi punto de vista, toda la película está concebida única y exclusivamente para un pequeño instante, para un solo plano. ¿Manipulador? Seguro, y de un modo descarado con el fin de lanzar un mensaje también tópico, aunque necesario hoy en día:
"Ninguno de vuestros dioses ha dicho jamás: mataos los unos a los otros."
"Ninguna ciudad del mundo vale más que la vida de una persona".

Además, es tan solo una película... Y aunque apenas logre el aprobado en historia y ande justa también en el guión, merece la pena sumergirse en ella para salir de la sala con la agradable sensación de que en este mundo sólo hay tres cosas por las que
se debería luchar y que son ya valores universales y atemporales:

Libertad, igualdad y fraternidad.

viernes, mayo 06, 2005

El retorno

Después de una larga temporada sin escribir en esta página he decidido retomarla y no se me ocurre mejor tema para hacerlo que hablar sobre el fenómeno tan peculiar que está acaeciendo en las librerías de este país que, sin duda es la consecuencias del tan polémico Código da Vinci. Algunos empezamos a estar aburridos de esta situación.
Y es que no puedo evitar mirar atrás con nostalgia y recordar los tiempos en los que entrar en una librería o ir a la feria del libro y rebuscar entre los montones más apartados era todo un placer. Sí, porque allí, en algún lugar escondido, podrías encontrar ese ejemplar tan raro, esa pieza segundona dentro de las ventas literarias. Hablo de libros como los de Louis Charpentier o Aztienza, entre muchos otros. Tiempo ha, cuando las palabras "Grial" o "Temple" pasaban casi desapercibidas en nuestra sociedad.
Ahora es prácticamente imposible no encontrarse de bruces con libros titulados: El misterio de los caballeros de Cristo, La última resistencia cátara, Claves iniciáticas para descubrir el misterio de la Orden de Sión, etc, etc. Y entre toda esa cantidad de obras absurdas y baratas, ¿cómo puede uno distinguir lo que es paja de lo que realmente merece la pena? Me atrevería a asegurar que un 90% de esos productos deberían ir directamente al cubo de la basura. Pero, en fin... Todo el mundo tiene derecho a expresarse.
Yo, por el momento, me limito a perseguir aquellos libros cuyos autores ya me han demostrado su valía. No por la credibilidad de sus palabras, pues no puedo asegurar que sus teorías sean las correctas, pero sí por su fidelidad, por ser los primeros, los que ya se dedicaban a perseguir un grial quimérico cuando el tema todavía no se había convertido en el filón editorial del momento. Porque ellos escribieron creyendo en sus propias palabras, en su búsqueda y no en el dinero que embolsarían si lograsen convertirse en best-sellers. Y también es cierto que, quien logre diferenciar a aquéllos de éstos, tal vez logre también acercarse un poco más a ese universo fascinante que nos ofrece la oportunidad de sumergirnos en el mejor de los viajes, el que nunca cesa: la esencia misma de la vida.