lunes, noviembre 01, 2004

Hijos de Horus

La Biblia dice en el Éxodo que no se deben venerar estatuas, imágenes o ídolos. No obstante, el cristianismo, en su empeño por convertirse en la principal religión universal, ha hecho caso omiso de ésta y otras indicaciones de su Libro Sagrado.
Contra lo que quisieran hacernos creer, la cristianización no fue un proceso sencillo y rápido en el que los fieles descubrían al Señor, eran iluminados y se convertían; y en los casos en los que parecía ser así, como el del emperador Justiniano, se trataba más de una cuestión política que de fe. Por el contrario, el cristianismo no tuvo la aceptación que se presupone, especialmente en aquellos lugares en los que las religiones paganas estaban muy arraigadas entre la población. Allí, no se impuso sino por la fuerza.
A pesar de todo, no es tan sencillo cortar de raíz una tradición que ha pervivido en una comunidad durante generaciones, así que la Iglesia de Roma, en un proceso de varios siglos, se dedicó a adaptarse (superponerse en la mayoría de los casos) a los antiguos cultos: construyó sus templos sobre los altares paganos, renombró deidades y celebraciones (haciendo entrar en escena a los santos) y recreó leyendas que provienen claramente de una mitología anterior.
Pero, ¿hasta que punto no es el cristianismo, desde su origen, una conversión de cultos anteriores? Determinados elementos cristianos son comunes también al antiguo Egipto.
Los egipcios, aunque contaban con diversas deidades, practicaban principalmente un culto a los muertos, a la fertilidad y al dios sol, que se corresponden con la principal tríada egipcia, formada por Osiris, Isis y Horus. Pero el culto a estos tres elementos es universal y, por otra parte, también encontramos tríadas de dioses en las culturas de raíces indoeuropeas. Fuese cual fuese su ejemplo, es un posible antecedente del misterio de la Trinidad cristiana.
Por otra parte, Horus-Re, el dios sol, no era el verdadero nombre de la deidad; éste sólo era conocido por la diosa maga Isis. Los egipcios consideraban, al igual que la Cábala, que los nombres eran la esencia misma de las cosas, y el que conociese el verdadero nombre de dios conseguiría el conocimiento absoluto, la esencia misma de las cosas. Los miembros de la curia y de las órdenes monásticas cambian su nombre al pasar a formar parte de ellas; y en los cuentos del Grial los caballeros Parsifal y Lancelot, buscaban su propio nombre. A Horus-Re se le conocía también por “La Verdad y la Luz”, “El Salvador” o “El Buen Pastor”. Si este dato no es suficientemente evocador, a Horus se le representaba con una aureola o corona alrededor de la cabeza, contaba con 12 servidores (curioso y apostólico número) y tenía la curiosa costumbre de resucitar cada amanecer… Está claro que Jesús no fue muy original.
Por otra parte, Horus tenía una hija, la diosa vaca Nut, cuyo vientre era la bóveda celeste. Es curioso que, para los celtas, el dios-sol era padre de la diosa-madre Brigit (también parte de una tríada), a la que se representaba con un hijo en sus brazos. Una de sus representaciones se encuentra en una hermosa catedral gótica de Francia y se la conoce por Nuestra Señora de Chartres. A estas representaciones de vírgenes (otrora imágenes que veneraban a Brigit) se las rendía culto en templos en los que las vestales mantenían siempre un fuego encendido. Hoy, esos templos se han convertido en conventos, y sus monjas custodian el “Fuego de Santa Brígida”.
Pero, de todos los miembros de la Iglesia, existe un grupo que parece relacionarse con mayor descaro y conocimiento con los antiguos cultos paganos: los templarios. Estos monjes guerreros guardaban entre su simbología elementos como la woivre o el bafomet (cabezas humanas) típicos de los celtas; y las medidas de sus construcciones estaban vinculadas a las de las pirámides de la llanura de Gizé. Un caso concreto lo topamos en la población gallega de Noia (vinculada toponímica y legendariamente con Noé y el Diluvio Universal). Aquí, un templario que regresó de las cruzadas habiendo perdido en Tierra Santa a su hermano, mandó levantar un templete en su honor. Este templete tiene un curioso friso piramidal en el que se representa el ciclo de la vida a través de un simbolismo solar al más puro estilo egipcio.
En fin, estos son tan sólo pequeños datos de muchísimos más que se podrían añadir; pero tal vez sean suficientes para que nos planteemos a quién han estado venerando realmente los cristianos los últimos dos milenios: ¿a Jesús? O tal vez a Horus…

1 Comments:

Blogger Master said...

Otra forma de ver esto, es que ninguna religion es erronea. Si se saca un minimo comun denominador a todas las religiones(incluida la atea, con las similitudes que algun dia quiza cuente) todas tienen su parte de razon, asi que no es que plagien otros dioses, es que da igual llamarlos de una manera, o adorarlos de alguna forma en particular. Lo importante no es en que se tiene fe, lo importante es tener fe.

8:53 PM  

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